viernes, 23 de diciembre de 2011

De tu piel tierna emana la miel más dulce de tus ojos sale el día alborotado.

¡Mírate! mírate con tu hija
la que salio de tu vientre
la que habito por meses en todo cuerpo;
has sido una mujer de dos corazones de dos almas
mírate de nuevo en las veredas llenas de gente, llenas de sombras esquivandote
tú y ella, caminan torpemente por baldosas desgastadas
y tu mano grande envuelve alguna mano pequeña
y tu caminar ligero hace agotar aquellos pasos diminutos.
¡Mírate! cuando duermes no sos la mujer de antes
son una madre preocupada, enloquecida por tu hija,
de tu piel tierna emana la miel más dulce
de tus ojos sale el día alborotado
y en tus pechos descansa algún pedazo de alma, algún pedazo que has fabricado
y llora, patalea, habla hasta no dar más
y tus oídos danzan con sus palabras entrecortadas.
El día empieza de nuevo, y la noche acaba con caricias de una pequeña
y la cama se hace grande, el corazón late, y una madre aún no sabe que es madre.

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